Miércoles, Febrero 22, 2017
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Santísimo Cristo Resucitado

La Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga nombró como Titular de la misma al Santísimo Cristo Resucitado desde su constitución el 21 de enero de 1921. Sería el ente el responsable de cerrar, con la presencia del mismo, el ciclo de la Pasión y Muerte de Jesús que conforman el resto de corporaciones agrupadas. A lo largo de su historia, este Sagrado Titular ha estado representado por dos imágenes: la primera, anónima del siglo XVII. Procesionada entre 1921 y 1945, es propiedad del Monasterio Cisterciense de la Asunción de Nuestra Señora, situado en el barrio de El Atabal y la orden cedía anualmente la talla para que saliese cada Domingo de Resurrección.

La segunda es la actual imagen del Santísimo Cristo Resucitado, obra del escultor valenciano afincado en Madrid José Capuz. La Agrupación, presidida por Enrique Navarro Torres, encargó en 1943 una serie de bocetos o propuestas para la creación de una nueva talla a imagineros como Guerrero Utrera, Adrián Risueño, Martínez Cerrillo, José Ortells o Palma Burgos, que no llegaron a ser del agrado de la entidad. Aconsejados por el Padre Félix Granda, la Junta de Gobierno escogió a Capuz para que fuese el encargado de realizar la Imagen Titular y el grupo escultórico que lo acompañaría.

Así, en 1946, y coincidiendo con el 25 aniversario de la fundación de la Agrupación, la nueva imagen del Cristo Resucitado procesionó por las calles de nuestra ciudad y al año siguiente quedó totalmente ultimado el grupo escultórico que lo acompañó hasta el comienzo de la década de los ochenta. El mismo está formado por las figuras de dos guardianes romanos, uno dormido y otro despierto en actitud de sorpresa, como reflejo de las actitudes del hombre ante la resurrección de Cristo. Este conjunto imprimía una magnífica configuración hoy, desgraciadamente, desaparecida.

La imagen del Cristo, de notable factura y clara tendencia moderna en su conjunto, resalta por su elegante verticalidad acentuada por la disposición de los brazos que, a diferencia de los Resucitados convencionales, se pegan al cuerpo, sosteniendo el izquierdo una cruz dorada, a manera de cetro, adoptando la derecha actitud de bendecir. El tratamiento de los paños, que envuelven la parte inferior del cuerpo y se elevan tras la espalda sin llegar a tapar su anatomía, dan a la escultura un dinamismo sorprendente contrapuesto con la evidente actitud estática del cuerpo que se eleva sobre una nube donde el autor dispone dos palomas en vuelo para señalar, con más fuerza si cabe, el sentido ascensional.

El tratamiento pictórico donde se combina el dorado bruñido del interior del paño que envuelve la imagen entra en clara contraposición con el tratamiento de la cara externa de éste, que queda resuelta tiñendo la propia madera con colorantes rojos. Las carnaduras, muy blancas y de escasos matices, se hacen sobre una preparación tradicional. La imagen fue restaurada en 2007 por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía. Por su parte el grupo escultórico fue restaurado por Francisco Naranjo Beltrán en 1999 y se encuentra actualmente en la sede de la Agrupación.

María Santísima Reina de los Cielos

(Comentario del historiador José Manuel Torres Ponce)

La existencia de la imagen de María Santísima Reina de los Cielos está justificada por el anhelo y el deseo existente en el ente agrupacional de dotar al Resucitado y, por consiguiente, a la misma Agrupación de Cofradías, de una titular mariana. Dicha aspiración se vio consumada con el encargo a Luis Álvarez Duarte (1950) en 1992, bajo la presidencia de D. Jesús Saborido Sánchez, y posterior bendición de la Virgen, el 7 de diciembre de 1994, por parte del obispo D. Antonio Dorado Soto en la Parroquia de los Santos Mártires.

En líneas generales, la escultura responde a la tipología de imagen de vestir y, por ende, a aquellas cuyas labores escultóricas se han visto reducidas a la mínima expresión, concretamente a la testa y a las manos. Estas partes de la anatomía se encuentran adosadas a una estructura de carpintería que simula el tronco y la devanadera, siendo este último elemento, de forma troncopiramidal, la pieza portante y garantizadora de la estabilidad y equilibrio de la totalidad de la efigie. La ejecución de esta obra se encuentra bajo los parámetros de la iconografía de la virgen niña, un concepto de imagen mariana muy divulgado y explotado por el artista sevillano a lo largo de su vida y que, por otra parte, hunde sus raíces y conecta con la imaginería sevillana del último barroco y del romanticismo.

La cabeza presenta una configuración ovalada. El rostro se resuelve mediante una frente ancha y despejada; ojos almendrados; cejas pobladas y dibujadas de una forma continua; nariz fina y recta mientras que las fosas nasales presentan cierta anchura; boca entreabierta, de finos labios, que nos permite ver la lengua y cuatro dientes de la mandíbula superior; y, por último, un hoyuelo en la barbilla, elemento más que habitual en la obra duartina. La parte superior de la mascarilla, espacio ocupado por el entrecejo formado por el encuentro de la nariz y las cejas, más allá de dotar de expresión a la imagen junto con la apertura de la boca, rememora algunas de las creaciones más felices de la primera etapa de Álvarez Duarte.

Las manos responden a la tipología sevillana por excelencia, la dialogante. Las mismas se resuelven a través de unas formas carnosas. Los dedos aparecen flexionados, relativamente separados y en distintos planos. Muy interesante resulta la policromía aplicada a la totalidad de la imagen. Si bien, en líneas generales, presenta una textura nacarada con algunas veladuras rosáceas que exaltan la expresión, igual de cierto es que cuenta con unas carnaciones muy pálidas, un hecho un tanto insólito y muy poco común en la obra de Luis Álvarez Duarte quien, en honor a la verdad, gusta de aplicar policromías que generan una tez más oscura en sus efigies.

Por último, cabría atender brevemente a la propia advocación de la imagen. Como bien viene a señalar Alberto Jesús Palomo Cruz, recogiendo las palabras del desaparecido Jesús Castellanos, tras ser desechados distintos nombres -como Encarnación, Triunfo o Aurora-, finalmente vino a denominarse Reina de los Cielos, un nombre algo contradictorio, y apuntado desde el Obispado, si tenemos en cuenta que, en la actualidad, el concepto del Cielo es único, alejándose, de esta forma, de la idea medieval y dantesca de distintas estancias celestiales en función de la gloria obtenida.

Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga

Santísimo Cristo Resucitado.
Santísimo Cristo Resucitado (Trono).
María Santísima Reina de los Cielos.
María Santísima Reina de los Cielos (Trono).