La Agrupación de Cofradías inauguró el IV Congreso Internacional de Hermandades y Cofradías. Un evento al que asistieron numerosas autoridades civiles, políticas y religiosas y que tuvo como eje vertebrador “La religiosidad popular como base y principio de la Semana Santa”

Paloma Saborido, presidenta del Comité Científico, y monseñor Rino Fisichella, presidente del Pontífico Consejo para la Nueva Evangelización.

MÁLAGA, 23 DE SEPTIEMBRE DE 2021.- Pablo Atencia, presidente de la Agrupación de Cofradías, tomó la palabra para dar la bienvenida a las más de 250 personas asistentes al acto, destacando el apoyo de las instituciones y entidades colaboradoras con el Centenario, y que han sido piezas claves para la materialización del congreso.

El obispo de la Diócesis de Málaga, Jesús Catalá, agradeció a los colaboradores, ponentes y presentes, la participación en el acto. Deseó un “buen augurio” y una “celebración gozosa y festiva” en una Málaga “cada vez más conocida” a nivel internacional, haciendo un llamamiento a los cofrades para que no dejen de ser testigos de Cristo: “Me siento muy orgulloso de ser obispo de esta diócesis y vivir aquí”, concluyó.

Durante la inauguración, Patricia del Pozo Fernández, consejera de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía, destacó la vuelta del culto público a las calles de Málaga, reseñando el hito histórico del pasado domingo en el que 13 cortejos partieron de distintos puntos de la ciudad hacia la Catedral para la exposición “El verbo encarnado”: “El éxito de la campaña de vacunación ha permitido reencontrarnos con nuestras devociones en la calle”, señaló. 

Por su parte, el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, felicitó y agradeció a los ponentes y organizadores el trabajo realizado para que estas jornadas se puedan llevar adelante.

Paloma Saborido, presidenta del Comité Científico fue la encargada de presentar a Mons. Rino Fisichella, presidente del Pontífico Consejo para la Nueva Evangelización. En su ponencia “La religiosidad popular como fuente de evangelización”, afirmó que ante Jesús “no se puede permanecer neutral”: “Aquí se concentran las grandes cuestiones que nos afectan a cada uno, y también a la piedad popular. Tenemos que ser capaces de proclamar que Jesús ha muerto y Resucitado, porque aquí está la novedad cristiana. Afirmar con vocación que nosotros lo hemos visto. Sin esto, la evangelización resulta ineficaz y la trasmisión de la fe, débil”.

Defendió el uso del término espiritualidad popular: “La religiosidad no se refiere a una religión en concreto. Es el sentido que pertenece a toda persona que siente en su interior el sentido de lo infinito. La piedad es una posición de respeto, afecto y devoción hacia Dios. La espiritualidad popular toma fuerza de una relación sencilla pero directa con el señor, la Virgen María y los santos. Penetra en mayor grado la dimensión intuitiva”.

“Un componente importante de la espiritualidad es la dimensión festiva, que ofrece una forma de teatralidad que pone de manifiesto el sentido emotivo del pueblo y sus necesidades expresivas, tan apreciadas por el mundo de las cofradías”, aseguró, mientras que explicaba de qué manera ese carácter festivo requería de un escenario para su realización.

“¿Cómo vivir las obras de misericordia hoy? En un mundo que ha cambiado y ha dado lugar a nuevas pobrezas materiales y espirituales, las cofradías deben asumir esta responsabilidad. La Iglesia no puede ser eficaz en el proceso de evangelización si olvida cómo entrar en la Cultura y cómo crear Historia. Para permanecer vinculados a la historia de nuestro tiempo, tenemos que fijarnos en los fenómenos que obligan a la iglesia a repensar su obra”, afirmó.

Por último, se refirió a todas aquellas cuestiones que han dado lugar a “la crisis del hombre”: “Dios, hoy en día, más que ser negado, es desconocido”. Por ello, explicó cómo la Iglesia necesita de hombres y mujeres que mantengan la mirada fija en Dios, “aprendiendo la verdadera humanidad”: “Necesitamos hombres y mujeres cuyo intelecto esté iluminado por Dios. Las cofradías pueden hacer suyas esas observaciones de responsabilidad, conscientes de que desempeñan un papel eclesial en nombre de la comunidad cristiana. La transmisión de la fe parte de aquí, de la credibilidad como creyente y que la gracia actúa hasta el punto de convertir el corazón. Sed misioneros del amor y de la ternura”, concluyó, añadiendo que “el pueblo no puede ser humillado en su expresión de la fe”.

En la segunda parte de la jornada intervino Isidoro Moreno Checa, catedrático de Antropología Social de la Universidad de Sevilla, quien basó su intervención en la “aproximación antropológica a la religiosidad popular”. Analizó cómo, en un tiempo pasado, la Iglesia “se desentendió de la religiosidad popular”: “Es una falta total de empatía respecto a quienes la viven y no entienden los vínculos entre este fenómeno y la religión oficial. ¿Qué puede aportar la mirada antropológica al entendimiento de la Semana Santa y las Cofradías? Parece haber en ciertos sectores una desconfianza respecto a la antropología, como si fuera negadora de la dimensión religiosa. El problema surge cuando se pretende que haya una única y excluyente visión verdadera, siendo las demás definidas como dimensiones espurias o meras adherencias”, afirmó.

Explicó que la religiosidad popular transciende más allá del ámbito diocesano, reglado por las Diócesis y el conjunto de normas que conforman el Derecho Canónico, ya que el pueblo se identifica con la Imágenes de Jesús y la Virgen sin la necesidad de mediación de terceros, como pueden ser los sacerdotes u obispos. Advirtió del peligro que puede correr este fenómeno en Andalucía si pierde su carácter espiritual y se vacía, convirtiéndose en una mera fiesta.

También analizó cuáles son los factores (tradición familiar, pertenencia a un grupo social, laboral o étnico) que conllevan la pertenencia a una hermandad. “Si traspasamos el nivel local o regional, no existe un solo tipo de cofradía. La heterogeneidad es muy grande. Los fines implícitos pueden ser muy amplios”, expresó, en referencia a las dimensiones que engloban la Semana Santa (identitarias, estéticas…), fundamentales para comprender el esplendor de las cofradías.

Rafael Briones Gómez, catedrático de Antropología Social de la Universidad de Granada, expuso el papel que desempeña “El catolicismo popular y la esfera de lo privado”. Explicó cómo se había producido una privatización de la religión en las sociedades contemporáneas. A través del paso de la historia, analizó cómo este fenómeno pasó de tener “el dominio del cosmos sagrado”, a una ruptura con la sacralización del mismo.

Describió cómo los “elementos simbólicos que existen en la religiosidad popular privada construyen un universo simbólico”: “Toda casa en Andalucía y España es un pequeño altar, que se nutre de muchos elementos de la religiosidad popular. Crucifijos, estampas, cuadros,… Colocados junto a las fotos familiares, como un pequeño panteón. Hay casas cuya fachada incluye estos elementos: palmas trenzadas secas, o una hornacina con santos. La casa se convierte en un lugar de culto informal en el que no hay intermediario. La persona se relaciona directamente con lo sagrado”.

Analizó el papel que desempeñan estos símbolos, estableciendo una relación de “las esferas en las que se produce esta comunicación entre la persona y los objetos sagrados”, mencionando las fotografías de Imágenes, estatuillas que ocupan espacios relevantes, reliquias o suvenires y refiriéndose, en último lugar, a las promesas y el “contrato explícito” que se lleva a cabo con la Imagen.

Brenda Carranza, profesora de Antropología de la Religión en la Universidad Estatal de Campinas/LAR – UNICAMP. Sao Paulo/Brasil, basó su ponencia en la “perspectiva de la religiosidad popular en América latina”. Explicó cómo la pandemia ha cambiado nuestra forma de sentir la religiosidad. Las nuevas tecnologías han jugado un papel fundamental en acercar los cultos a personas que jamás tocarían un ordenador o móvil, adaptándose la sociedad a ver templos vacíos a causa el virus. Se refirió al punto de inflexión que supuso la imagen del Papa Francisco, durante la bendición Urbi et Orbi del 27 de marzo de 2020, con la plaza de San Pedro presidida por un crucificado y un icono bizantino. Las estampitas de Santos y de Cristo y la Virgen se han transformado en virtuales al no poder verlas físicamente, algo que ha garantizado que lo sagrado siempre está presente, sea de manera presencial o virtual.

Al final de la jornada, distintos asistentes presentaron sus comunicaciones al respecto de diferentes temas relacionados con la religiosidad popular y el mundo de las hermandades y cofradías. Tras acabar, la banda de música de la Archicofradía de la Esperanza ofreció un concierto en la Basílica para los asistentes al IV Congreso Internacional de Hermandades y Cofradías.

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