Rafael Contreras Ojeda, hermano del Sepulcro y periodista, comparte su reflexión y su sentir sobre el Viernes Santo de la Semana Santa de Málaga 2020 

MÁLAGA, 10 DE ABRIL DE 2020.-

Rafael Contreras Ojeda..-

“Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados te andábamos buscando”. Jesús tenía doce años y a los treinta y tres le llegó su pasión y muerte. Viernes Santo en que no podremos ver a María Santísima de las Angustias, de nuevo angustiada, por el Parque de Málaga; Santa María en el Monte Calvario; Dolores en San Juan y San Felipe; Soledad en San Pablo y en el Císter; Caridad en la Victoria y Piedad en el Molinillo. Ahí se quedarán, como la Madre que estaba a los pies del Cristo del Amor y proclamando bajo palio que donde hay Caridad y Amor ahí está Dios.

Viernes Santo en que no veremos tampoco en la calle varios momentos de la muerte de Jesús, aún en la Cruz (Redención y Amor); bajándole (Descendimiento); llevándole al Sepulcro (Santo Traslado); amortajándole (Monte Calvario) y depositado sobre el impresionante catafalco de la Real Hermandad del Santo Sepulcro.

Viernes Santo en el que no podremos conmovernos en la calle viendo la sacra conversación que mantiene bajo palio en el Monte Calvario la Madre con San Juan Evangelista. Ni a Nuestra Señora de la Piedad al pie de la Cruz sosteniendo el cuerpo muerto. Quienes hemos perdido un hijo nos imaginamos fácilmente la escena real.

Viernes Santo en que queríamos salir a la calle para consolar a quien angustiada, implorante o resignada contempla una muerte que se ha producido por la voluntad de Dios con una notas que yo había preparado para que un grupo de amigos que iban a disfrutar de nuestra Semana Santa las llevaran como anexo a su cuadernillo de horarios e itinerarios.

Y por si alguien aún no se había enterado, ese que iba a ir en el catafalco no iría dormido. Que no engañaran a los niños. Que iría muerto para poder ser tan humano como los demás. Luego iba a resucitar.

Que no, que no somos gente rara los cofrades del Viernes Santo. Nos vestimos de luto por las circunstancias, pero luego tenemos otro año por delante para vivir alegres sabiendo, que una vez más, se repetirá el ciclo y, una vez más, celebraremos gozosos la Pascua de Resurrección.

Rafael Contreras Ojeda