Paloma Sánchez Domínguez, cofrade de Pollinica e historiadora, comparte su reflexión y su sentir sobre el Domingo de Ramos de la Semana Santa de Málaga 2020 

Paloma Saborido Domínguez.

MÁLAGA, 05 DE ABRIL DE 2020.-

“Hoy, Domingo de Ramos, “Pollinica” no abrirá las procesiones en Málaga; no oiremos el “pescador de hombres” cantado por todos los que llevan en volandas  a Cristo cuando entra en Jerusalén; ni le rezaremos a su mirada “que se va clavando en cada una de las almas” , como nos dijo una pregonera. Hoy, no aplaudiremos porque su Madre del Amparo no bailará al paso pollinico, “sonriendo a la luz y al sol”, como proclamaba otro.

Hoy no escucharemos las campanillas ensordecedoras de los más pequeños, ni el aleteo de las palmas blancas agitadas por hebreos malagueños; quienes, pese a su edad, conocen ya lo que sucedió  hace dos milenios.

Hoy, los niños llorarán al ver que sus túnicas siguen dobladas en unas cajas de madera, sin comprender porque no pueden disfrutar de su día más esperado del año, sin admitir el consuelo que sus padres intentan darles en la tarea imposible de poner cordura al sentimiento infantil.

Hoy, no estrenaremos ninguna prenda ni nos pondremos una ramita de olivo en la solapa.

Hoy, tampoco, resonará el himno a la Virgen de Lágrimas y Favores, mientras corremos para ver a Jesús de la Soledad; ni rodearemos el ábside de nuestra Catedral con el  Cristo de Humildad y Paciencia, quedándonos sin admirar el paño de la Verónica que muestra la faz del Cristo de la Salutación. Hoy, no se llenará calle La Victoria de servitas blancos, que acompañen a la Virgen de la Merced; ni podremos pedir lo que más necesitamos a la Virgen de la Salud, o rogar que se aparte pronto este cáliz ante Jesús en el Huerto de Getsemaní. Hoy, delante del Cristo prendido, no sabremos reflexionar sobre nuestras traiciones humanas, porque  en esta Semana Santa no habrá ningún trono en Málaga, llenando nuestros corazones cofrades de oscuridad y desconcierto.

Pero  esa realidad, por mucho que nos aturda, no es la que hace trágico este Domingo de Ramos.

Nuestra cómoda vida del “primer mundo”  se ha roto, y  ha resquebrajado todos nuestros esquemas. Una pandemia, provocada por un virus desconocido, tiene confinados a la mitad de la población del planeta, y se ha llevado, y se llevará, la vida de los más débiles, tal como sucedía en épocas que creíamos ya lejanas. En España, ya han fallecido más de 10.000 personas; y solas, sin ni siquiera el apoyo de un hijo, una hermana, un marido… esperan ser incineradas. Esa es la verdadera realidad que hace trágico este Domingo de Ramos.

Pero los cofrades somos cristianos, y no podemos perder nunca la esperanza, porque nuestra religión se basa en el triunfo de la Resurrección.

Esperanza cofrade en el trabajo que ya hoy, en primera línea de combate, realizan los miembros de nuestras hermandades, hombres y mujeres sanitarios, policías, militares, científicos, limpiadores, repartidores, cajeros…  Y  nosotros, los que desde la retaguardia de nuestro confinamiento en casa,  podemos ayudar de una sola forma: rezando.

Es, por eso, un Domingo de Ramos esperanzador, porque  nuestra fe en Cristo y la Virgen, depositada en unas determinadas imágenes, nos permiten sentir que también podremos salir de esta tragedia; que estamos preparados para trabajar hasta la extenuación -tal como hoy ya lo hacen muchos- para superar este drama, para ayudar a los más desprotegidos, para que la próxima Semana Santa, nuestros tronos vuelvan a estar en la calle y podamos orar unidos a otros.

Hoy es un Domingo de Ramos histórico, pero rezo porque nunca más tengamos que vivir otro como éste”.